Entre Galicia y Castilla: los Ancares

¿Recuerdas la primera vez que oíste hablar de Los Ancares?. Yo sí, recuerdo que en los Ancares siempre había nieve, y que mi hermano mayor solía subir a hacer rutas con un club de montañismo desafiando las inclemencias del invierno. Y es que esta sierra alcanza cotas de casi 2.000 metros y es la frontera natural entre Galicia y Castilla y León, compartiendo esta inmensa Reserva Natural que aquí se engloba las provincias de Lugo y León y ocupa una extensión, como recoge Culturiplan, de más de 50.000 hectáreas.

No solo montañas, picos y puertos, también valles y ríos forman este espacio natural protegido que ha mantenido intactas construcciones prácticamente prerromanas como las pallozas. Hasta hace bien poco se podían encontrar rincones a los que no había llegado la civilización tal como hoy la entendemos, pero además este enclave es punto de entrada de peregrinos por el Camino de Santiago a través de la tradicional aldea de O Cebreiro.

Piornedo: el último santuario gallego

Para ir a esta aldea hay que subir hasta allí, pues no queda de camino hacia ninguna parte. Desde la A6, a la altura de Becerreá o bien desde Pedrafita do Cebreiro, hay que tomar varias carreteras comarcales diferentes bastante sinuosas pero con unas vistas increíbles.

A la entrada del pueblo hay varios aparcamientos para dejar el coche y recorrer todo el centro a pie. Está declarado espacio histórico artístico y básicamente se compone de pallozas y construcciones en piedra con tejados de paja o pizarra, calles empedradas para soportar las inclemencias del más duro invierno que allí, suele pegar fuerte. Junto con O Courel, es el mayor espacio natural de Galicia.

Hay varias pallozas museo visitables. La de Casa do Sesto se conserva tal y como la dejaron sus últimos habitantes en el año 1973. La hoguera-lareira en medio, los enseres para cocinar alrededor. A un lado la cuadra y el gallinero, fuera la pocilga destinada a los cerdos. El suelo es de tierra y las habitaciones que comparten techo se disponen con mamparas de madera. Colchón de lana, cubertería de latón y lencería de lino. Todo ennegrecido por el paso del tiempo y el hollín del hogar, que calentaba la estancia durante las largas noches y días del invierno, donde Piornedo podía pasar días y semanas nevado e incomunicado. Recorrerlo hoy es un auténtico viaje en el tiempo a pesar de que muchos lleguemos allí con el GPS y móvil en mano.

Los Ancares de Tierra Roja

La delimitación política parece que determina la esencia porque la tierra cambia de oscura a roja en cuanto penetras solo unos kilómetros en León. Dos comunidades autónomas pero un mismo espacio natural. El paisaje inigualable de las Médulas, antiguas minas romanas, pero también lo más auténtico de los Ancares leoneses nos esperan al traspasar las montañas. Desde Ponferrada hay que tomar dirección Fabero y de allí a Candín o Pereda de Ancares. Por el camino verás antiguas explotaciones mineras abandonadas. Estás en el corazón de Los Ancares leoneses.

De poco te servirán los mapas, Tripadvisor o las guías de viaje aquí. Esta tierra es naturaleza y etnografía en estado puro, territorio de senderistas y montañeros, aunque los pocos que atienden casas u hoteles rurales pueden darte sus propias indicaciones sobre el terreno. Te llegas a empachar de naturaleza porque las rutas son de lo más auténtico, conviene ir preparado, y las atracciones turísticas son antiguas iglesias, pallozas y castaños milenarios, además de áreas recreativas y puertos de montaña con vistas panorámicas.

Tejedo, Suarbol, Balouta, Candín y Vilasumil. La ruta de un pueblo a otro requiere coche y algo de intendencia porque te puedes quedar tirado en medio de la mismísima naturaleza. Dicen las guías que en este espacio aún queda algún ejemplar de oso pardo y urogallo. Sea como fuere aquí hay que llevar la cámara y los prismáticos, las botas de montaña y la mochila, y prepararse para vivir una experiencia diferente a la que puedes vivir en cualquier otra escapada. Rincones casi sin cobertura, la cura perfecta para el estrés.

2 Comentarios. Dejar nuevo

Un lugar al que habría que ir todos los años a cargar pilas…

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El año pasado cumplí la promesa de perderme por Orense que hacía mucho que no pasaba por allí… Ahora, otra zona a explorar…

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